Cada Sábado por la noche solía caminar desde mi casa dos cuadras al norte para llegar a ese insinuoso y provocativo centro de reuniones de melancólicos individuos que buscaban igual que yo un escaparate de su trágica e irreversible realidad, por fuera solo una entrada de dos puertas de roble rojo con una perilla dorada resaltando de la monotonía , y un detallado herraje que enmarcaba un pequeño tablón con una silueta desvanecida por el tiempo "sueños" ;
He aquí mi lugar de perdición, a la entrada un pequeño pasillo que estaba rodeado de decenas de pinturas sin autor, pero con la profundidad que cada una requería, proseguía entre la pseudogaleria que acompañaba al pasillo hasta la galería donde seis mesas, algunas solitarias y otras solo con acompañadas de vacíos hombres perdidos entre tarros y esperanzas, al fondo una vieja barra acompañada de una silueta sin alma que sostenía a cada uno de los entes que ahi habitaban, en una esquina de la sala un pequeño entablado que mas que escenario parecería una sencilla enmendadura a un recóndito espacio de aquel lugar, todo ambientado por un rojizo tamiz que brotaban de las bombillas alrededor del lugar; ese olor entre tabaco, Jack Daniels, sudor , antiguo y melancolia , claro solo otro bar perdido entre las calles de una ciudad , sin embrago existía dentro de el un espacio cerca de la segunda fila de mesas al costado derecho casi cerca de las sombras, una puerta, la mayoría del tiempo sellada a la realidad, mi verdadero escape del mundo , al primer paso dentro de la habitación que esa puerta resguardaba el aroma y el ambiente cambiaban , no existía mas la melancolía , un dulce aroma entre hierbabuena y café acompañaban el aire fresco que tres ventanillas ovaladas dejaban pasar , el tamiz desaparecía para amalgamarse con la luz de la luna y el resplandor de las cuatro candilejas a nivel de suelo alrededor de la habitación que creaban todo un lugar de ensueño, en la habitación tres mesitas de te con una tenue vela cada una , las mesitas rodeadas de cómodos cojines con forma de divanes que mas que sentarte en tus ideas te recostabas en tus verdades, del lado contrario a la entrada una estantería con mil y un libros , relatos, historias y sueños.
Entre las tres mesas un cojín enorme , el cual sábado con sábado era ocupado por un poeta, un genio de la existencia humana , un ente que además de vagar por esta dimensión vagaba entre nuestros sueños, creaba alucinantes ideas, que entre el café, y los humos que ahi se producían de solo ser historias habladas eran vivencias que atravesaban nuestro subconsciente, hasta hacer de ellas otra armoniosa realidad, la espera por este sujeto siempre iba acompañado por una lectura de alguno de los cientos de libros que se hallaban en la estantería de esa habitación, despues los que ahí nos encontrábamos entablamos conversaciones de nuestras triviales vidas solo para llenar el hueco de la espera.
Llega el momento ansiado, Marco Tellez se sienta como siendo aprte de una fraternidad, al centro, comienza como si fuera un ritual -Hey que tal como les fue esta semana- que ridículo se siente un al ser entrevistado pero al fin el ya es parte de nosotros , nosotros ya somos parte de el.-Esta semana les traigo este cuento- . Sin temor el comienza cada sábado con el mismo fraserio, de igual manera entre los vapores del café me adentro en cada una de sus historias...
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